
LOS NUEVOS RETOS

Nuestra experiencia en las diferentes organizaciones empresariales en las que hemos participado y nuestra especial relación con la cultura, el arte y las relaciones externas de las empresas, nos han llevado a estudiar la posible unión de los principales instrumentos que ya se aplican por separado o unidos parcialmente; networking, reputación social corporativa, la conocida inteligencia competitiva y el apoyo del lobby para determinados proyectos.
La base se instrumenta en la formación específica de la diplomacia y sus funciones principales como la observación, información, representación, privacidad, discreción y negociación. Trabajamos para defender los intereses de la empresa empleando las herramientas propias del ejercicio diplomático, y que estas puedan apoyar y sumarse a las actividades más habituales de las relaciones entre la empresa, sus clientes y su entorno.
La acción de lobby estaría dentro de la diplomacia corporativa, efectivamente, pero esta es mucho más amplia. Engloba cuatro instrumentos que se aplican por separado: inteligencia competitiva, networking, reputación corporativa y lobby. Cuatro instrumentos que toman como referencia las funciones diplomáticas estatales: observación, información, representación y negociación.
La diplomacia corporativa pone de manifiesto la necesidad de la empresa y de sus ejecutivos de adquirir nuevas habilidades y competencias, que amplíen su red de relaciones, influencia y modernice las herramientas de gestión. No basta con la correcta gestión del negocio, desde todas sus ópticas, en el futuro, tendrá que incorporar habilidades para saber comunicar, hablar e influir en los distintos públicos convencionales y digitales, comprendiendo la situación de su entorno, aprendiendo a gestionar las dificultades, la incertidumbre o los cambios tecnológicos que le afecten.
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